El génesis de la razón. Mito, ciencia e historia.

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Del mythos al logos . De las fabulaciones míticas a las inferencias lógicas y causales. De lo absoluto a lo relacional. Pasamos de los albores primordiales, desdibujados entre el orden natural, a disociarnos y perfilarnos en la posición de observador celoso de su perspectiva y de su estatus ¿Cómo llegamos a ello?

Recientemente vimos cómo el concepto historia era algo intangible para las culturas mesopotámicas y especialmente para las civilizaciones saharonilóticas. Y es que el discurso mítico rechaza la historia tal como la entendemos. El orden cosmogónico es lo natural, lo prístino y debe ser eternamente cíclico e inmutable. Por ello no existió la historia lineal, tal como la entendemos, hasta el advenimiento del discurso lógico. Éste tuvo lugar en Grecia entre el S.IV y V a.c. Aunque las fases primigenias de la cultura griega y más tarde la romana, se inscriben también en el universo mítico, poco a poco las nuevas sociedades alumbraron el logos.

El deseo de preservar lo primigenio y sagrado pronto se tornó en la búsqueda de la estructura profunda y de las causas fenomenológicas que hacen que se muevan los engranajes del universo. Y no es extraño que esta disociación sucediese para unas civilizaciones cada vez más burocratizadas y compartimentadas en las cuales cada vez va quedando menos espacio para lo esotérico. Así es, el discurso lógico es opuesto al mítico, y éste será el dominante en estas civilizaciones clásicas en el ámbito de la política, instituciones, administración y cultura y por eso ha trascendido esa imagen racional que tenemos de ellas hasta nuestros días. Eso no significa que desaparezca la religiosidad de estas civilizaciones, simplemente convivieron.

Es entonces cuando la historia, al no tener que deberse a un principio de homeostasis primordial, se convierte en algo lineal . El inicio de esa linealidad y de una conciencia histórica queda ejemplificado en el historiador griego Herodoto que, aunque recurre al mito para explicar ciertos acontecimientos, trata de arrojar verdad sobre los hechos. Tucídides, otro de los grandes historiadores clásicos griegos, por su parte, hace hincapié en el presente como objeto de estudio histórico de primer orden y denosta el pasado fabulado como materia histórica ya que, según él, es imposible saber lo que aconteció de cierto. Él se lamenta de que la historia se cuente para provocar emoción y fascinar y no para ser fiel a los hechos. Por último, otro de los historiadores clásicos, Polibio, de origen griego, estuvo al servicio de Roma, e hizo un análisis causal de la historia. Una prueba más del logos como eje vertebrador. Para Polibio, la historia, antes de los romanos, era un material disperso, pero con el surgimiento de la Roma imperial y su expansión, concibe la historia como algo universal y pasa a ser “la” historia en sí. Ello, sumado al orgullo nacional de los romanos, da pistas sobre el origen de nuestro etnocentrismo occidental u occicentrismo.prometheus-conference

La civilización romana podemos considerarla como nuestra civilización madre. El derecho romano, las artes, economía, sociedad, mentalidad e incluso la lengua. Todo lo que nos rodea está embebido de cultura romana. Es la civilización de discurso lógico por excelencia. El estamento político y toda la sociedad se centra en el logos y es por eso que esa civilización ha trascendido como una civilización lógica y racional. Quizá el advenimiento del imperio, tras la república, suplantó, en la figura de los emperadores, el espacio que hasta hace poco venían ocupando los dioses en el imaginario nacional. Julio César, Augusto, Claudio, Nerón ejemplifican el tipo de dictador megalómano que hicieron más de lo que se esperaba de ellos. Sus logros tecnológicos y militares aún causan asombro. Algunos de estos tiranos escribieron su propia historia, como César y el emperador Augusto. Éste último, escribió su propia biografía: Res Gestae Diui Augusti. El hecho de que exista es bastante esclarecedor. Ejemplifica, una vez más, el cambio sufrido entre el líder deificado o guía cósmico que trata de que lo inalterable no se pervierta y el caudillo que trata de escribir la historia de sus logros para su pueblo y la humanidad de un modo lineal y secuencial. Hemos de recordar, asimismo, que los romanos empezaron a contar los años a partir de la fundación de Roma.

De todos modos, discurrir por los senderos del logos, no quiere decir que el estudio comparado del mito no permita extraer información valiosa y veraz. Donde parecía que había culturas dispares, Georges Dumézil, encontró un modelo mental con un nexo común, desde las culturas del valle del Indo hasta tierras nórdicas. La trifuncionalidad es un sistema mítico basado en tres funciones arquetípicas. Aunque el discurso mítico de egipcios y mesopotámicos era un discurso dual y el discurso indoeuropeo es ternario, dentro de cada función pueden operar conceptos dualistas. Eso refuerza el origen común, junto con factores lingüísticos, de un tronco indoeuropeo. Actualmente el origen de esta cultura indoeuropea se sitúa en la zona del Cáucaso, las estepas rusas y el Mar Caspio, con lo cual parece bastante probable que de ahí se extendiese a todas las grandes civilizaciones clásicas, de oriente a occidente. Esas tres funciones son: el sacerdocio y la soberanía como primera (en un plano cósmico) la fuerza militar y guerrera como segunda (en un plano humano) y la productividad y fecundidad como tercera (en un plano social) Según Dumézil, el tronco de las culturas indoeuropeas pasa por esas tres funciones básicas. Aunque, como dice Duby, hay que analizar el contexto y la especificidad de esas funciones en cada cultura, lo que sí es cierto es que hay una serie de tríadas sobre las que pivotan los valores y la organización social y cultural indoeuropeas. Hay que precisar que esa estructura ternaria actúa como concepto, pero no siempre refleja exactamente una realidad social concreta. Estamos hablando de valores, funciones, sistemas de creencias y como conectan entre sí. Eso da hilos argumentales que se pueden agrupar por semejanza, pero que vertebra realidades necesariamente diferentes.

En definitiva, la cuna de nuestra civilización occidental fue Grecia y preponderantemente Roma. Aún hoy nos fascina la capacidad de superación tecnológica y humana, mediante el paso del mythos al logos, de la que fueron capaces griegos y romanos. Tampoco es menos cierto que representan todo lo aborrecible que puede llegar a ser ese ser humano dominador, territorial, arrogante y sin escrúpulos que muchas culturas, mal llamadas bárbaras, tuvieron que sufrir. Ellos fraguaron nuestra democracia y leyes actuales, pero no es casualidad que inspiraran, siglos más tarde, en la misma península itálica, a personajes como Mussolini, encandilado por la Roma imperial totalitaria. Pronto Europa se estremecería de nuevo, ahora ante las hordas fascistas, que con ansias de expansión territorial, circulaban brazo en alto por el corazón de occidente. Brazo en alto, exacto, el clásico saludo romano.

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