Cormac McCarthy, The Road, La Carretera (II)

cormac
Cormac McCarthy. Foto: Marion Ettlinger

  «Escarbaron en las ruinas calcinadas de casas en las que antes no habrían entrado. Un cadáver flotando en el agua negra de un sótano entre desperdicios y cañerías herrumbrosas. Entró en una sala de estar parcialmente incendiada y a cielo abierto. Las tablas alabeadas por el agua inclinandose hacia el exterior. Tomos empapados en una librería. Cogió uno y lo abrió y luego lo volvió a dejar donde estaba. Todo húmedo. Pudriéndose. En un cajón encontró una vela. No había cómo encenderla. Se la metió en el bolsillo. Salió a la luz gris y se quedó allí de pie y fugazmente vio la verdad absoluta del mundo. El frío y despiadado girar de la tierra intestada. Oscuridad implacable. Los perros ciegos del sol en su carrera. El aplastante vacío negro del universo. Y en alguna parte dos animales perseguidos temblando como zorros escondidos en su madriguera. Tiempo prestado y mundo prestado y ojos prestados con que llorarlo.»   

   El pesimismo insomne del filósofo E.M. Cioran, el músculo de H. P. Lovecraft y una negritud poética como los versos de Leopoldo María Panero. Todo ello lo podemos encontrar en la prosa dolorosa y descarnada de Cormac McCarthy en La carretera. Una prosa compuesta, muchas de las veces, poco más que de sujeto y predicado, lo que le da una viveza y una agilidad notables. Asimismo, el escritor hace un uso profuso del nexo “y” en lugar de separar por comas lo que enumera. Ello impregna su prosa de un estilo obsesivo e inquietante, especialmente porque se recrea en imágenes muy oscuras. Son como una sucesión de latigazos. Ese estilo reiterativo pareciera emular formalmente la psicología maníaco-persecutoria de los protagonistas. Es una continua huida hacia adelante. Hacia el sur. Hacia el calor. Escapando de los otros, no se sabe cuantos, pero pocos supervivientes. Eso también le da a la novela una pátina de neurosis, ya que siempre están huyendo, temiendo que alguien les pueda atacar. No hay en todo el libro un destello de luz, algo que invite a un instante de esperanza, algo que aluda a lo familiarmente catalogado como bello y, sin embargo, a pesar de tanta desesperación, oscuridad, mugre y tristeza, el libro es una obra maestra que atrapa desde la primera línea.

   Recorremos todo el libro con la incógnita de saber qué ha pasado. Algo de lo que habla Ernst Jensch, cuando apunta, éste, que lo desconocido amenaza lo heimlich, lo cotidiano, exactamente lo que ha acontecido en ese mundo devastado. Algo que ignoramos ha sucedido, lo cual hace más inquietante y urgente la lectura del libro. Ese mundo occidental y familiar se ha descompuesto. Esas imágenes cercanas, esos escenarios familiares, se han vuelto una oscura postal distópica. Paisajes yermos y ennegrecidos, desaliento, harapos y dos personajes: un padre y un hijo que luchan desesperadamente por sobrevivir, o por postergar un poco más su muerte resignada. Se han convertido en una especie de hombres de las cavernas después del apocalipsis. Mendigos de la especie humana. Pero en lugar de buscar qué cazar o frutales de los cuales comer, pues nada queda prácticamente vivo o sin contaminar, vagan con un carrito de supermercado por las carreteras vacías, en busca de latas o restos de comida en casas y supermercados abandonados.

   Lo heimlich, se ha vuelto unheimlich en ese mundo post-apocalíptico de McCarthy. Precisamente esa es la baza del escritor de Providence: adherir esa mugre existencial a un decorado familiar y occidental. En su prosa, el sustantivo busca siempre al adjetivo y éste casi siempre es acompañado de: muerto o negro. La cara oscura o siniestra no deja de sacudir cada línea del libro. Esa reiteración mortificante y paranoide, ese memento mori en forma de prosa nos revela la cara que no queremos ver de la realidad, eso que decía Ernst Jensch, que lo unheimlich es lo que debiera permanecer oculto y que el escritor hace que nos estalle en la cara. Nuestra sociedad oculta la demencia, oculta al moribundo, evita la palabra muerte, y McCarthy precisamente hace discurso de ello. El libro es una obra de ficción, pero nos advierte mediante esa familiaridad que algo así podría pasarnos. Somos capaces. No sabemos cuando es suficiente. Nuestros fantasmas interiores nos dicen que han visto escenas similares. Hemos visto ríos contaminados, bosques calcinados, montañas horadadas y mucha violencia en las televisiones occidentales. Eso la pervierte y la vacía de contenido. Hace que no tengamos claro si es real o es un postre casero.

Carátula de la película dirigida por John Hillcoat y protagonizada por Viggo Mortensen.

   El doble psicológico del que habla Freud es aquí un tanto difuso. Quizá nosotros como lectores seamos su doble, porque los personajes ni siquiera tienen nombre para McCarthy. Tanto puede ser una maniobra por parte del escritor para que nos reconozcamos en ellos, como para poner de relevancia la deshumanización en la que han caído. Como si de prisioneros de Auschwitz se tratase, cuyo nombre ha sido sustituido por un número convencional o, en este caso, por un simple “niño” y “hombre”. Son un espejismo de lo humano, casi como las siniestras marionetas a las que aludía Hoffmann.

   Aunque oscuro e inquietante, no es menos cierto que McCarthy consigue atraer nuestra mirada hacia ese bello lado oscuro. Sólo hay un atisbo de luz y color en todo el libro. Es ahí cuando el autor vierte toda su visión poética más amable. Es la única esperanza en todo el libro, la cual suena a advertencia, y es cuando el narrador o los protagonistas hablan del pasado. Cuando el mundo era como es ahora.

Anuncios

2 Comments

    1. Siempre digo que no es comparable una película a un libro, ya que son cosas diferentes. De todos modos, a veces hay películas mejores que libros. Ésta no desmerece al libro, que no es poco, pero es que el libro es impresionante por donde se mire. Muy recomendable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s