MACBA: Políticas culturales de la izquierda y la derecha.

   Para una ciudad como Barcelona, con aspiraciones a ser un referente cultural en el mundo, era inadmisible, después de la borrachera olímpica, que no tuviese un templo de las artes contemporáneas, como el Centro Pompidou de París o el MoMA de Nueva York. Por ello, en el año 1985 se establece un pacto de entendimiento entre la derecha e izquierda en Barcelona con el fin de lograr que la cultura sea el nexo entre ambos polos ideológicos. Nexo sin unión, porque tratarán de utilizar la cultura como una extensión más de sus diferentes modelos políticos, pero el objetivo ulterior, por el cual se dan la mano, no es otro que ser capaces de atraer dinero con la cultura como excusa. La derecha trata de imponer un discurso de país, centralista, con una supuesta sociedad civil que no es otra cosa que la burguesía catalana, mientras que la izquierda busca una lectura en clave ciudadana y local. Al final la izquierda (PSC) logra salirse con la suya al poner la marca “Barcelona” en el nombre del museo, en lugar de “Catalunya”, en clave nacional, que es lo que deseaba la derecha (CIU).

Colocando la escultura de Oteiza. Julio de 1998. Enlazada desde El Punt. Foto: MACBA / LLUÍS CASALS / MACBA.

   La cultura ya no es un simple asunto ministerial o un dispendio que hay que asumir. Desde los años 70 y, especialmente en los 80 y 90, tras la reconversión industrial, se ha ido entendiendo que la cultura pudiera ser tratada como una industria más y así atraer capital de otro modo. La cultura forma parte identitaria de Barcelona y todo el valor cultural que proporcione a la marca, así como la singularidad que pueda ser capaz de generar, le dan un valor, ya que no es fácilmente reproducible. La línea del tiempo de la atracción de capitales comienza con un gris Ministerio de Cultura y acaba en una Smart City.

   Una terrible escultura de Roy Lichtenstein en el puerto; una sardina de Frank Gehry delante de un hotel de lujo; la enésima edición del enésimo festival con hordas de jóvenes venidos de todos lados, o una película de Woody Allen con la palabra “Barcelona”. El entonces alcalde, Jordi Hereu, insistía al genio del cine la importancia de que saliese la “marca” en el título. Así, el MACBA, nacería con la voluntad de ser un elemento más del esnobista parque temático de la ciudad. Se quiere implementar su capacidad de atraer flujos de capital en base a un activo cultural basado en la excelencia y el prestigio. Y no es de extrañar que así sea, ya que los inversores del fondo para la compra de obras de arte del MACBA provienen de la alta burguesía catalana. Aunque en los últimos tiempos, también los museos se hayan ido abriendo al arte “menos elevado” y menos excelente. Es bastante significativo que los propios inversores detesten el arte contemporáneo y al mismo tiempo den fondos como salvoconducto para atraer capitales. Ejemplo claro de ello es el mural que el grafitero Keith Haring hizo contra el sida, en el, entonces, “Barrio Chino”. La Barcelona pre-olímpica se lo llevó por delante, pero el MACBA, 25 años más tarde, lo volvió a repintar en un muro exterior, frente al museo.

Museu d'Art Contemporani de Barcelona MACBA

   El MACBA, así como otros edificios o productos inmateriales ligados a la explotación cultural, ha tenido un impacto estructural en el barrio donde ha sido construido. Pero este tipo de obras no sólo afectan a nivel urbanístico. La construcción de un edificio de esas características, como puntualizaría Foucault es también la construcción de un gusto. La política cultural muchas de las veces persigue no sólo poner en valor unos determinados equipamientos o “productos” culturales para atraer inversión, sino que persigue en realidad crear unas sinergias que coadyuven a una expulsión de todo lo que no es la “marca”. Entre otras cosas, persiguen la gentrificación de la zona. Eso también ha estado en la agenda de las decisiones políticas de la ciudad. El MACBA no es una excepción, ni es un producto concebido como equipamiento para el barrio donde está inserto. El Raval tiene unas deficiencias clarísimas en cuanto a servicios, equipamientos y asistencia social que, obviamente, no cubre un museo de arte contemporáneo, ni tampoco está claro que fuese el lugar idóneo para colocarlo. Se expulsan las actividades marginales para desplazarlos por otras de reconocido prestigio. Se busca gestionar la ciudad como una empresa y seducir al inversor, al turista, a los nuevos residentes, a las ferias y congresos que buscan un escaparate para sus productos y un prestigio que la marca Barcelona ya da por sí sola. El comercio de barrio languidece dejando paso a productos de moda y diseño. Las personas que viven en el Raval se ven arrinconadas, cada vez más, en su propio barrio.

Artículo del diario 20 minutos Barcelona.

   Después de varios desencuentros entre los dos ejes ideológicos, el MACBA es lo que es: un edificio pagado y mantenido con erario público, pero con obra de capital privado. La Caixa a la larga crearía su CaixaForum porque tenía el fondo artístico y recelaba del proyecto MACBA. Con el tiempo se acabarían encontrando y lograrían un acuerdo de colaboración a la hora de comprar y prestar obra. Cambios cosméticos, porque, al fin y al cabo, ¿Quién paga el museo? ¿Quién paga a La Caixa? Y sobre todo: ¿Quién se lleva el prestigio y el dinero?

 

BIBLIOGRAFIA


Jaron, Rowan. (2012) Economia i cultura. Barcelona: UOC.

Martínez Moreno, Rubén. (2012) Política cultural. Barcelona: UOC.

Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. (2015, octubre 18). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Museo_de_Arte_Contempor%C3%A1neo_de_Barcelona&oldid=85913976

Tate Modern. (2015, septiembre 21). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Tate_Modern&oldid=85276443

untitled – 2009-Macba.pdf. (s. f.). Recuperado a partir de http://agustincocolagant.net/wp-content/uploads/2015/01/2009-Macba.pdf

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