¿Sociedad de la Información?

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Harold Bloom, crítico literario de reputación mundial, dijo una vez que los modernos analfabetos ya no son los que no saben leer, sino los que sólo obtienen su conocimiento de los medios de comunicación masiva. Si seguimos un poco las apreciaciones de Mattelart en su “Historia de la sociedad de la información”, tenemos algunas de las claves de por qué Bloom puede no estar equivocado. Mattelart habla del “culto al número”, el cual empezó tras la Revolución Francesa y el cambio de pensamiento basado en la fe a otro basado en la razón. Leibniz, padre de la cibernética, decía que el pensamiento racional podía ser sistematizado por una máquina mediante algoritmos. El siglo de las luces y las revoluciones liberales, traerían de la mano la suplantación del linaje como herencia de posición social, por la capacidad que tenían otros individuos de acumular dinero; los burgueses. La revolución industrial traería el resto: el capitalismo. Las nuevas sociedades capitalistas se volcaban en los criterios positivistas de eficiencia, sistematización, orden y pragmatismo. Max Weber, aunque creía que la ciencia podía aliviar los males de su época temía que el determinismo tecnológico nos alienase y nos convirtiese en un apéndice de la máquina y no al revés. En las sociedades capitalistas occidentales ha pasado un poco lo mismo en clave económica. El capitalismo regulado y tutelado por el estado que preconizaba Keynes, ha sido sustituido por las lógicas del mercado de Friedman, es decir: el determinismo del capital.

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Harold Bloom. Foto: Jori Klein

Como era de esperar, los medios de información no han salido indemnes de este cambio de paradigma. Al principio éstos cumplían la simple misión de informar e instruir, pero pronto se fueron llenando de meros juicios de valor y se revelaron como unos hábiles constructores del relato simbólico de los hechos. Recordemos el inicio de la prensa amarillista en EEUU, durante la Guerra de Cuba de 1897, y cómo fueron capaces dos diarios neoyorquinos de movilizar la opinión pública a favor de la guerra. Así, los medios de información de masas empezaron a desarrollarse en clave nacional y acabaron desregulados, víctimas del neoliberalismo, especialmente después de la Segunda guerra mundial, y diversificados en grandes medios de comunicación privados, con líneas ideológicas o editoriales muy claras.

Las universidades, originariamente puestas a disposición del saber y la formación integral del ser, se han ido convirtiendo en el mercado de recambios de las grandes empresas. El sistema educativo actual responde más a las necesidades del mercado que de las personas. Sistemas replicativos y poco generativos. Así, no es de extrañar que se nos presente la Sociedad de la información como el enésimo producto neoliberal, pero como apunta Mattelart, la información no representa por sí misma una solución a los problemas de las personas, porque responde a intereses de pragmatismo, de funcionalidad, replicativos, como el propio sistema educativo. Por ello, hay voces, que reclaman un control más democrático del espacio comunicacional, un lugar más generativo que dé cabida a todas las voces y que no escuche sólo los imperativos del “positivismo gerencial” que desprecia lo intelectual, como apunta Mattelart. De la digitalización de la vida y su posterior homogeneización mundial se desprende una retórica de occicentrismo como visión única de orden global, ya que se nos presenta la nueva Sociedad del Conocimiento como la única tabla de salvación del ser instruido, según Peter Drucker. Y es que el saber se ha convertido en algo instrumental, al servicio de las corporaciones, y ya no de la autonomía intelectual.

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Fuente: IHMC. Concept Map Tools. http://cmap.ihmc.us

Asimismo, hay una direccionalidad de arriba a abajo evidente, cuando los voceros de la sociedad de la información o conocimiento, hablan de sus bondades en los consejos de dirección de las grandes corporaciones, la OMC, el FMI o desde los propios organismos gubernamentales. Las voces más humanísticas, colaborativas o democráticas critican una ausencia de horizontalidad a la hora de enfocar esas decisiones. Por ello, cuando los media se ponen de acuerdo para acuñar los marcos conceptuales que nos permiten interpretar de manera simbólica lo que acontece, lo hacen de manera masiva y a sabiendas de que están ante una ausencia de juicio crítico preocupante. Buena parte de la sociedad se haya embebida e instruida con una visión social funcionalista y no sabe desde qué posición intelectual examinar la información que recibe. Como recoge Raymond Williams en “Cultura y sociedad” cuando hablamos de “masas” en principio hablamos del grueso de la población, es decir: las clases medias y sobre todo bajas, pero quién regula el discurso es la élite económica. Ésta, es la que tiene los medios de información y quien decide lo que deben saber los ciudadanos rasos y sobre todo, cómo interpretarlo.

No es casual que detrás de los medios de comunicación se deje entrever las fobias y las filias partidistas. Según Acces Info Europe, sólo Austria y Croacia, de 20 países analizados, principalmente europeos, tienen una transparencia real sobre quienes son los propietarios de los medios de información. Los grandes emporios comunicativos, como constructores de opinión que son, tienen el deber, en una sociedad democrática, de ser transparentes y mostrar quién paga el sueldo del informador u opinante. Aún así, como muestra el informe publicado en El Observador [1] es fácil darse cuenta que los grandes grupos de información, como Vocento o Prisa están en manos de grandes empresas y bancos, los cuales se reparten afinidades ideológicas a los dos grandes partidos, con una ventaja evidente de los medios conservadores. ¿Es casualidad que el 25 de Enero de 2015, El Mundo, La Razón, ABC y El País tuviesen la misma publicidad del Banco de Santander ocupando toda la portada? [2] ¿Podemos esperar que adopten una posición crítica sobre la gestión de ese banco o acerca de las tesis neoliberales?

Lo mismo pasa con los supuestos informativos de T.V. La voluntad estructuralizante y la ausencia de pluralidad es manifiestamente visible. Siguiendo las reflexiones de Habermas, el poder “público” del estado se debe al poder que emana de los ciudadanos que eligen democráticamente quien les representa y es por esto, que la “opinión pública” que refiere Habermas ha de reflejar una “publicidad democrática”. Es decir, debe recoger la pluralidad de las voces de los propios votantes. Son los responsables políticos los que deben velar por la independencia de los órganos de dirección de los canales nacionales, pero eso no ocurre. La clásica separación de poderes que preconizaba Montesquieu no aflora ni en los tribunales de justicia, ni en los grandes medios de información en España. La desregulación de los canales de T.V. los cuales son apoyados por grandes empresas de perfil conservador, no hacen sino acrecentar el desequilibrio ideológico en el espacio comunicacional público y privado. Los juicios de valor, el prejuicio y las meras opiniones, se han adueñado de lo que se vende como información. Falta un contrapeso crítico que refleje la opinión ciudadana que es incapaz de pagar a los grandes medios de información. Algo que, por lo menos, la televisión nacional debería esforzarse en corregir, pero tampoco es así. Los medios audiovisuales públicos actualmente ya no tienen como principal objetivo informar ni instruir, sino, como dice Umberto Eco, entretener. Lo mismo que buscan los medios privados, ya que tratan al espectador como un mercado que puede generar ganancias en lugar de disidencias intelectuales.

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Tertulianos asiduos de La noche en 24 horas, de TVE.

En TVE la mayoría de tertulianos y los diarios que comentan son conservadores, en TV3 y La Vanguardia no es casual que las subvenciones públicas y otras concesiones se crucen entre ellos, ya que ambos son afines a CiU (ahora CDC). Por todo ello no es difícil ver que El Periódico de Catalunya (afín al PSOE) acoja la ingobernabilidad autonómica tras las pasadas elecciones en Cataluña con el nombre “abismo” y el actual escenario de pactos a nivel nacional, con Pedro Sánchez, como simple “incertidumbre”. Es bastante evidente que los media elaboran discursos a la medida de los amos que les pagan la nómina o son puestos directamente en ese espacio porque muestran afinidad ideológica.

La revolución digital y la llamada “brecha tecnológica” nos dice que algo está cambiando, como avisaba el informe Nora-Minc en 1978. En este informe ya hablaban del cambio social que se avecinaba con lo que, entonces, dieron en llamar “telemática”. Advertían que las nuevas maneras de comunicarse e informarse entrarían de lleno en los círculos de poder afectando al resto de la sociedad. Los estados nacionales ya han sido excedidos, trascendidos por la informatización y la interconexión de los diferentes hubs en la red global de comunicación y negocios. La “brecha digital” nos pone sobre sospecha que esa deseada informatización y aceptación de los rigores de la funcionalidad pragmática es el verdadero plan soterrado de ese discurso redentor.

La sociedad mundial de las redes postindustrial y descentralizada cumple su papel de intercambio de información y conocimiento, pero sólo a algunos niveles. Lejos de ser una herramienta de redistribución del conocimiento, las oportunidades sociales, gestión de recursos y una mayor democratización entre los poderes fácticos y la sociedad civil, vemos que los canales de riqueza se han apartado del ámbito público. Hoy una empresa de Brasil puede salir a bolsa en Wall Street, sin pasar por la de su país primero. Es decir, que la riqueza se puede generar en un país y no repercutir lo más mínimo en su propia sociedad, sino en los inversores de otros países.

Entonces, dicho todo esto ¿podemos decir que la pretendida sociedad de la información o el conocimiento puede ser esa tabla de salvación que nos presentan sus voceros? “Indecente” es exactamente a lo que suena esa propuesta, según Mattelart y la suscribo. Con un tercio de la población sin electricidad aún, 1000 millones de personas viviendo en la pobreza económica extrema y casi dos mil millones sin agua potable, según la OMS, hacer estas afirmaciones desde el G8 y otras organizaciones suena a obsceno. La Sociedad de la información tiene tintes occidentalizadores. Los bienpagados medios de comunicación se encargan de amplificar el mensaje de los círculos políticos que propician que los flujos de capital se muevan cada vez con menos trabas. La eficiencia de lo privado, la competitividad y el pragmatismo tecnológico se ha instalado en el imaginario arrinconando lo público, el principio de servicio, la solidaridad y las humanidades. Todos esos últimos valores son “deficitarios” porque no da ganancias materiales inmediatas. Ese discurso neoliberal se ha instalado cómodamente en los medios y va calando en la sociedad. El sistema educativo ha acabado de desinstalar las barreras críticas necesarias para evaluar el mensaje con cautela y retarlo en el espacio público. Por ello es preocupante que una buena parte de la población sólo lea “best sellers”, diarios de gran tirada, utilice grandes portales de noticias en internet y oriente su juicio con los grandes medios audiovisuales de comunicación de masas. Es por todo eso que el crítico Harold Bloom tenga probablemente razón cuando dice que esos son los nuevos analfabetos. Deberíamos, entonces, preguntarnos por qué el es un crítico y los demás no lo son.

BIBLIOGRAFÍA


[1] Revista El Observador – Un gráfico espectacular para conocer quiénes son los dueños de los medios de comunicación en España. (s.f.). Recuperado 18 de marzo de 2016, a partir de http://www.revistaelobservador.com/sociedad/comunicacion/6618-un-grafico-espectacular-para-conocer-quienes-son-los-duenos-de-los-medios-de-comunicacion-en-espana

[2] » cafèambllet 1 – La premsa, en mans dels bancs cafèambllet.com. (s.f.). Recuperado 18 de marzo de 2016, a partir de http://www.cafeambllet.com/cafeambllet-1-la-premsa-en-mans-dels-bancs/

Borraz, M. (s.f.). Transparencia en los medios: quién es el dueño de la información que lees. Recuperado 16 de marzo de 2016, a partir de http://www.eldiario.es/sociedad/Tranparencia-medios-dueno_0_363264221.html

Busquet, J. Medina, A. Sort i Jané, J. (2010) La recerca comunicativa. Principals escoles i tradicions. Barcelona: UOC.

Mattelart, A. (2007). Historia de la sociedad de la información. Grupo Planeta (GBS).

Medios españoles: los menos fiables según la Universidad de Oxford. (2015, julio 22). Recuperado a partir de http://periodistas-es.com/medios-espanoles-los-menos-fiables-segun-la-universidad-de-oxford-55863

Pensar sobre los medios: comunicación y crítica social. (2000). Lom Ediciones.

Pobreza. (2016, marzo 9). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Pobreza&oldid=89697603

Propaganda en la Guerra hispano-estadounidense. (2016, febrero 7). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Propaganda_en_la_Guerra_hispano-estadounidense&oldid=88996743

Sáez Casas, Albert. (2010) La comunicació de masses. Barcelona: UOC.

Sáez Casas, Albert. (2010) Uns nous mediadors socials. Barcelona: UOC.

Williams, Raymond. “Conclusión” pp. 245 – 275 en Cultura y Sociedad. De Coleridge a Orwell. Buenos Aires: Nueva Visión, 2001.

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