Series de TV; bajo la lupa de la perspectiva de género.

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Dibujo: Proble Matiks

   Si echamos la vista atrás, vemos que en los productos que se vendían a principios del siglo pasado se apelaba en el mensaje publicitario básicamente a sus cualidades objetivas. Estábamos en la época del pensamiento moderno. Época en la que la verdad se supeditaba a la razón funcional, pero pronto eso no fue suficiente para vender. Mientras muchos publicistas señalaban hacia afuera, un señor de Viena, Sigmund Freud, señaló hacia el interior, el subconsciente. Su sobrino, Edward Bernays, tomó buena nota de esas ideas. Siendo aún un niño su familia había emigrado a principios del s. XX a EE.UU. Con el tiempo se convertiría en uno de los publicistas más brillantes del siglo pasado. Bernays, influido por Freud, se dio cuenta de que había una serie de tabúes, represiones e instintos que operaban en otro plano, y que podían ser utilizados para vender productos no sólo en base a una serie de cualidades empíricas y racionales, como se hacía hasta entonces [1].

   Bernays recibió un encargo en 1929 de Lucky Strike para ampliar el mercado, ya que por aquel entonces los hombres fumaban, pero las mujeres no. Había un tabú que romper. Y lo consiguió. Consiguió que algo que no tenía unas cualidades, ni siquiera una utilidad intrínseca, se percibiera de otro modo de manera inconsciente y fuera comprado por las mujeres. Según un psicoanalista que contrató Bernays, las mujeres no fumaban porque el cigarrillo era un símbolo de masculinidad. Quiso desvirtuar eso y para ello contrató a unas sufragistas para que protestaran en un desfile de Pascua. Bernays había avisado a la prensa, y al grito de ¡antorchas por la libertad! las sufragistas se pusieron a fumar [2]. Había resignificado el concepto de libertad femenino reconduciéndolo hacia la venta de tabaco; había activado el marco conceptual de la Estatua de la Libertad, y había redistribuido una serie de valores y roles absolutamente irracionales sobre las mujeres. Puso de manifiesto cómo la expresión del sujeto se puede ver arrinconada por una serie de construcciones sociales normativas, muchas de las veces incluso más vastas que su propia identidad.

   De ese modo inquietantemente familiar operan los roles de género, los cuales reciben transfusiones constantes por parte de la publicidad, la prensa, el cine o la TV. Por ello, el post-estructuralismo, el cual mira de reojo a Freud, propugnaba una revisión de las categorías de análisis que se daban como universales, esenciales y naturales, dado que las consideraban simples construcciones históricas en contexto. Lyotard, Barthes o Braudillard serían algunos de los intelectuales más influyentes al respecto. Así, el post-estructuralismo indaga sobre cómo los media participan en la elaboración de los significados semióticos de imágenes y objetos, y cómo recomponen su significado autorreferenciándose entre ellos [3]. Son como las sombras de la caverna de Platón. Significantes solamente comprensibles de manera relacional, en su propio lenguaje simbólico. Pero el mensaje que permea es como si se tratara de una realidad esencial. Como observaba el lingüista Émile Benveniste, el sujeto desde la infancia aprende la relación entre significado y significante de manera tan vívida que después jamás vuelve a experimentar una separación entre ambos [4].

   Roland Barthes decía que el acto creativo no es lo más importante, sino las acciones: escoger, seleccionar y combinar [5]. Justo lo que hizo Bernays para vender tabaco a las mujeres. Luego entroncó su discurso con una realidad esencial de la condición humana, la libertad. Pero fumar, a todas luces no es más que un mero vicio, una necesidad construida. Bernays fue uno de los primeros publicistas en apelar a los instintos, a los sesgos y las emociones para utilizarlas como relato diferenciado del producto real. La publicidad ya no debería apoyar su discurso en la veracidad, sino en la emoción. Como bien añadiría Braudillard más tarde al discurso, el objeto, para entonces, había dejado de tener un valor en sí. En las sociedades de consumo post-modernas los objetos tendrían una valoración construida, completamente ajena a su valor intrínseco [6]. La apariencia o el simulacro que planeaba por encima del objeto a vender se construiría por la moda o la publicidad, que era lo que en realidad le otorgaría el prestigio que interesa vender y que el cliente está dispuesto a comprar.

   Y ya en esa tesitura, en las actuales sociedades post-industriales y neoliberales en las cuales las personas nos hemos convertido directamente en “capital humano”, no resulta extraño que a las mujeres se las trate como objetos. El relativista pensamiento posmoderno ha reasignado categorías diferentes a todo, incluido a la verdad. La verdad hoy en día se ejercita más en base a una combinación de supuestos relativos que a criterios objetivos. El periodismo actual, del mismo modo, se basa más en opinión que en hechos empíricos. Y las noticias que debieran ser enunciadas de manera imparcial, o al menos precisa, son narradas en clave de artículos de opinión. Y es aquí donde introducimos el tema que nos ocupa: cómo estos medios de comunicación masiva construyen los marcos conceptuales, los significados semióticos y, por ende, el estereotipo, como si de una realidad se tratase, ya que estos medios se adhieren a los mismos códigos enunciados.

   Cine y TV a lo largo del siglo pasado han ido cambiando enfoque y contenido. El cine clásico de Hollywood, en sus inicios, llevaba implícito un mensaje muy sencillo y huelga decir que machista. Los malos eran muy malos, los buenos muy buenos, las mujeres muy “femeninas” y los hombres muy “hombres”. Enseguida identificábamos esos perfiles sin fisuras ni ambigüedades. Con la modernidad emerge la personalidad del director de una manera más clara, y los personajes ganan en profundidad psicológica. Y ya con el cine actual, los papeles de las mujeres en cine y TV se van volviendo más acordes con los tiempos. Ahora vemos la publicidad o películas de los años 50 en EE.UU. o nuestro país, y bajo la perspectiva de ahora, nos parece hiriente que esa discriminación tan evidente no se advirtiera entonces [7]. Pero el caso es que con la post-modernidad se desborda lo construido de lo real. Y si no nos apercibimos de esas atribuciones y roles que asignamos en publicidad, series y películas, es porque no tomamos la suficiente distancia analítica, que es de lo que trata la perspectiva de género.

   En análisis cinematográfico se suele decir que una película pre-moderna, del cine clásico de Hollywood, lo es cuando no tiene huellas enunciativas del autor. Se habla en esos términos porque el lenguaje del cine: planos, argumentario, estética narrativa y elipsis, fluye sin que nos demos cuenta. Y lo hace porque tenemos interiorizado ese lenguaje cinematográfico. No hace falta que nos expliquen toda la secuencia de acciones. Hay una serie de presuposiciones narrativas que quedan implícitas. Y donde decimos presuposiciones podríamos sustituir por ideas preconcebidas o directamente prejuicios en lo relativo al género. Es un ejemplo sencillo y pertinente de cómo la perspectiva de género puede señalar que en esas “elipsis narrativas de género”, al igual que ocurre en el cine, precisamente están las claves que hace falta revisar con visión renovada.

   Así, si analizamos algunas llamadas “series profesionales” como “Hospital central” o “El comisario” sin perspectiva de género, pudiera ser que no encontrásemos nada salvo que hubiera una escena clara de violencia física o verbal. Ese tipo de escenas aluden a un sencillo análisis racional, pero la perspectiva de género considera la construcción de género desde una nube de “implícitos”. Para ser detectados hay que utilizar otro tipo de herramientas epistemológicas. Donde la epistemología estudia como se genera y valida el conocimiento de manera aritmética, la perspectiva de género utiliza un sistema relacional, geométrico y conceptual. Es cuando analizamos el género en base a esos criterios, cuando descubrimos que lo que parece normal pudiera ser en realidad una realidad normativa solamente estructural.

   Por eso, el estudio que Elena Galán hace sobre las series de TV arroja resultados que de otro modo quedarían silenciados [8]. Para ello es importante aplicar la perspectiva de género y las estadísticas desagregadas [9]. Esa desagregación consiste en utilizar la categoría de género diferenciada del sexo. De ese modo vemos qué comportamientos, expectativas y papeles otorgamos en función del sexo biológico. Sin esa distinción, la nube de constructos que planea sobre cada sexo quedaría automáticamente naturalizado y camuflado como algo inherente a hombres y mujeres. Así, en un primer análisis de dichas series, vemos que hay mujeres que ocupan puestos que tradicionalmente han sido ocupados por hombres. Tanto, en “El Comisario” como “Hospital Central” vemos mujeres policía, doctoras, o periodistas ocupando altos cargos. También podemos ver perfiles de la sociedad contemporánea, como parejas separadas, casadas, con o sin hijos, e incluso alguna relación homosexual en una de las series. Se tratan temas como la drogadicción, los abusos infantiles, la inmigración, etc. Se nota que hay una voluntad de realismo por parte de los guionistas. Pero es cuando empezamos a desagregar y nos fijamos en el qué se dice, quién lo dice, cómo lo dice, qué cargo ostenta, dónde ocurre, etc. cuando empiezan a aflorar los estereotipos.

   Los resultados generales del estudio muestran que aunque factualmente las mujeres ocupan puestos de responsabilidad, al aplicar el análisis de género vemos que se les sigue asignando unos roles y unas presuposiciones de feminidad lejos de ser igualitarias. Por ejemplo, en el caso de la serie “Hospital Central” vemos: que las mujeres de altos cargos suelen ser más atractivas que las de rangos inferiores, no siendo así para los varones. Son mujeres cuidadoras, que encuentran trabas para conciliar la vida laboral con la familiar y a menudo son cuestionadas por superiores, que acostumbran a ser hombres. En cuanto a las mujeres de la serie “El Comisario” también suelen ser atractivas, cohíben su lado más emocional y lo fían todo al lado más racional, como el resto de sus compañeros varones. En ambas series el compaginar la vida profesional con la familiar es un tema más recurrente en los diálogos de las mujeres que de los hombres. Temperamentalmente hablando, emerge otro estereotipo claro: las mujeres son retratadas de manera más sensitiva, mientras que los hombres son más reflexivos. Esto se traduce en que ellas se dejan guiar por los sentimientos, lo cual les provoca cometer errores en la serie, pero los hombres piensan siempre racionalmente sus decisiones y son retratados de manera más cerebral [10].

   Como podemos apreciar en la primera capa analítica, observamos que las mujeres tienen un entorno laboral y de rango muy similar al de los hombres, al menos en la serie. Pero es cuando ponemos el foco en la segunda capa analítica, con el enfoque de género, cuando los resultados varían. En esta segunda categoría analizamos qué funciones psicológicas, sensitivas y racionales nos dibuja cada personaje, y vemos que entonces los roles tradicionalmente asignados a cada género; lo que es “masculino” y lo “femenino”, vuelven a aflorar de nuevo. Los atributos masculinos siguen siendo más valiosos que los femeninos si se analizan desde esa perspectiva de género. Por ello, si no se aplica este tipo de análisis, esos valores siguen operando de manera silenciosa. Continúan reforzando peligrosamente marcos referenciales que confirman las expectativas acerca de los roles que aplicamos para comprender lo “femenino” y lo “masculino”. El resultado de todo ello no hace más que ahondar en una mayor desigualdad de trato, subestima del papel racional de la mujer y normalización perceptiva de su papel subalterno, lo que allana el terreno ulterior de comportamientos más represivos y violentos hacia ellas. Y eso, es algo que conviene corregir precisamente en esos estadios primigenios. Así, recogiendo la idea que antes mencionábamos del lingüista Émile Benvenide, de que interiorizamos de manera muy intensa la conexión entre significante y significado, es entonces muy importante que los conectemos con valores socialmente más justos para las mujeres. El análisis de género nos permite atacar ese relativismo constructivo dejándolo al aire pagándole con la misma moneda analítica, pero considerando al sujeto y otorgándole una capacidad de agencia independiente y no esencial. Judith Butler ha aportado un corpus de teoría que nos sirve para comprender mejor los presupuestos ideológicos que impregnan los roles que asignamos a mujeres y hombres. Y sobre ello, los librillos situacionistas de Spectacular Times ya nos advirtieron del valor teorético cuando decían: “teoría es cuando tienes ideas; ideología es cuando las ideas te tienen a ti” [8].

BIBLIOGRAFÍA


[1] Edward Bernays. (2016, agosto 8). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Edward_Bernays&oldid=92818401

[2] Torches of Freedom. (2016, octubre 6). En Wikipedia. Recuperado a partir de https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Torches_of_Freedom&oldid=742932923

[3] Comunicación & Post – Estructuralismo – Comunicólogos. (s. f.). Recuperado 17 de diciembre de 2016, a partir de http://www.comunicologos.com/teorias/comunicaci%C3%B3n-post-estructuralismo/

[4] Ibídem.

[5] Benchetrit, H. (2009). Aproximaciones a la verdad en el arte. Argos, 26(50), 19-49.

[6] Sujeto y teoría del valor en Jean Baudrillard *. (s. f.). Recuperado 17 de diciembre de 2016, a partir de http://www.pensamientocritico.info/index.php/articulos-1/otros-autores2/sujeto-y-teoria-del-valor-en-jean-baudrillard

[7] 25 anuncios antiguos que hoy estarían prohibidos. (2011, febrero 1). Recuperado a partir de https://www.marketingdirecto.com/marketing-general/publicidad/25-anuncios-antiguos-que-hoy-estarian-prohibidos

[8] Galán Fajardo, E; (2007). Construcción de género y ficción televisiva en España. Comunicar, XV() 229-236. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=15802831

[9] SinGENEROdeDUDAS: La importancia de desagregar los datos estadísticos. (s. f.). Recuperado 17 de diciembre de 2016, a partir de http://singenerodedudas.com/2003_2012/Archivos/974/la-importancia-de-desagregar-los-datos-estadisticos

[10] Galán Fajardo, E; (2007). Construcción de género y ficción televisiva en España. Comunicar, XV() 229-236. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=15802831

[11] Dwighttowers. (2010, septiembre 12). ideas, theory, ideology. Recuperado a partir de https://dwighttowers.wordpress.com/2010/09/12/ideas-theory-ideology/

Enguix Grau, Begonya. (2011). Gèneres i contemporaneïtats. Barcelona: UOC

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